El ministerio quíntuple y la reafirmación del carisma apostólico y profético

agosto 10, 2006

La “reafirmación”[37] del carisma apostólico

Las iglesias pentecostales y carismáticas de América Latina vienen experimentando hace unos 15 ó 20 años, una serie de cambios sustantivos en lo que se podría llamar la estructura orgánica de su liderazgo y en consecuencia en la constitución interna de un nuevo poder de conducción y organización de la iglesia.

Se trata en esta práctica de una novedosa, provocativa y fascinante reafirmación de los 5 ministerios (ministerio quíntuple), según la carta de San Pablo a los Efesios 4:11 y siguientes. El texto reza:

“Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas; a otros pastores y maestros…”

Hasta no hace mucho los ministerios reconocidos por la gran mayoría de pentecostales en el mundo eran el evangelístico, el profético (con reservas), el pastoral y el docente, reservando con estricto rigor el ministerio apostólico para la iglesia cristiana del primer siglo, aunque en un sentido amplio siempre fue aceptado como vigente[38].

En efecto, los pentecostales reconocíamos como vigente el ministerio apostólico, pero el sentido que le dábamos era equiparado a la obra evangelística del misionero fundador en campos blancos, es decir de la fundación de iglesias en lugares (localidades, países o regiones) donde nunca antes se había predicado el evangelio.

El argumento esgrimido era que tanto los apóstoles y profetas son el fundamento sobre el cual nace y se fortalece la iglesia (efesios 2:20) hasta la parusía o segunda venida de Cristo, y que el canon[39] y la revelación[40] sobre los que la iglesia se rige en materia de fe y conducta, ya están cerrados.

La iglesia del Nuevo Testamento, especialmente aquella que se vislumbra en el libro de Hechos de los apóstoles era, para el pentecostalismo clásico, el modelo perfecto de iglesia, inimitable en su naturaleza, pero extensible[41] en su condición de pueblo de Dios.
Todas las discusiones entre pentecostales y no-pentecostales radicó siempre en si el ministerio profético seguía vigente hasta hoy o no, pues las profecías según el testimonio bíblico se acabarán, cesarán las lenguas (glossolalia) y la ciencia hacia el final de los tiempos se acabará (1 Corintios 13: 8). El único testimonio profético más seguro reconocido por todos era el que está registrado en las Sagradas Escrituras (AT) y ratificado por el NT (Véase 2 Pedro 1:19).

La posición pentecostal argüía que la profecía existe, porque aun existen las lenguas extrañas de Pentecostés, de modo que la vigencia de unas (las lenguas y la ciencia en aumento) era el testimonio de la vigencia de las otras (las profecías) a la luz de una exégesis histórico-formal del texto en cuestión y del testimonio histórico[42]. Porque, además, la experiencia de Pentecostés y su sentido de promesa para todos los que están lejos, se inscribe en un contexto escatológico que culminará con el gran día terrible de Yahvé, cuando el sol se oscurecerá y la luna se teñirá de sangre. Y, según sabemos, eso aún no ha sucedido por lo que las manifestaciones anunciadas están entre ámbos polos: el Pentecostés originario (siglo I) y el fin de los tiempos (gr. escatoi hemera) hasta el advenimiento del Reino de los Cielos.

La posición no-pentecostal argumentaba que aceptar las profecías hoy era señalar que el canon (regla de fe del cristianismo) aun permanecería abierto después que el dogma fundamental de la iglesia se selló en los grandes Concilios de Nicea[43] y Calcedonia[44], S. IV DC).
Aceptar la vigencia del ministerio profético según los no-pentecostales podría implicar restarle autoridad a las Sagradas Escrituras y dar paso a las más diversas y subjetivas[45] arbitrariedades con relación a la inspiración divina, única e inerrante.

El debate en torno a la vigencia del ministerio profético estaba ligado a la discusión de si Dios aún habla hoy de forma audible, a través de profetas, o si por el contrario sólo lo hace sólo y exclusivamente mediante las Sagradas Escrituras con el auxilio de la iluminación del Espíritu Santo. De si la revelación está abierta o está cerrada.

El acuerdo final entre las partes se selló cuando pentecostales y no-pentecostales zanjaron la discusión admitiendo que “Dios está presente y no está callado” (Francis Schäeffer) pero que las profecías de hoy no tienen el mismo valor o autoridad que las profecías bíblicas, dejando las primeras para la edificación de la iglesia o equiparándolas –como lo hicieron algunos teólogos—al testimonio de la predicación homilética asignándole sólo una función litúrgica. La solución en realidad era simple, sólo que había que tener en cuenta los varios sentidos de la Revelación como suceso, palabra, persona y signo[46]. Confundir Revelación con Sagrada Escritura y ámbas con Palabra de Dios, condujo a estos errores.

Ahora bien, ¿qué ha pasado con la reciente emergencia del ministerio apostólico y profético?

Durante los últimos 20 años más o menos, especialmente en los Estados Unidos y Centro América, se ha levantado un movimiento de revitalización de la iglesia que sostiene la vigencia del ministerio apostólico, arguyendo que se trata de una revelación[47] ad portas de la segunda Venida de Cristo, algo así como un desvelamiento especial de última hora cuyo propósito primordial es movilizar a la iglesia para alcanzar a todas las naciones con el mensaje del evangelio antes de la Parousía o segunda Vendida de Cristo.

O se acepta o se rechaza tal posición, todo depende del perfil teológico de la iglesia, del grado y modo de su espiritualidad y de los criterios de verdad que maneje en su andamiaje hermenéutico. Si la iglesia o sus líderes aceptan la posibilidad de una “revelación abierta o continua”, entonces estarán en la disposición de aceptar la posibilidad de una “reafirmación” e instauración del ministerio y autoridad apostólicos, así como para reconocer como válidos una diversidad de manifestaciones espirituales.

Sin embargo, la experiencia religiosa nos enseña que no se adquiere primero un instrumental hermenéutico nuevo (teoría) y como consecuencia se produce una experiencia nueva (acción). Lo que ocurre siempre es que primero se da el suceso de una nueva experiencia con lo sagrado sobrenatural y esta provoca en consecuencia una racionalidad distinta (una lógica) que obliga a una reformulación de los antiguos principios de interpretación, es decir, de la hermenéutica como instrumento de verificación de su verdad. El vino nuevo exige entonces una renovación de los odres viejos, tanto en el sentido de la renovación de estructuras institucionales como en el de las mentalidades y criterios de juicio y de verdad.

Líderes o dirigentes destacados de iglesias pentecostales, incluso de iglesias históricas con sed de renovación, están aceptando la emergencia del ministerio apostólico y su instauración en el marco de sus Denominaciones religiosas. Esto les ha llevado a cambiar la nomenclatura de su liderazgo nuevamente, pues ya en un pasado reciente algunos líderes pasaron de ser “Presidentes Nacionales” (estructura democrática) a “Obispos Presidentes”, adoptando así una estructura episcopal.

Ahora, por el contrario, están pasando de ser “Obispos presidentes” a “Apóstoles”. El problema se produce precisamente porque no siempre los jerarcas de la iglesia reciben esa unción profética y apostólica, pues sus ocupaciones administrativas y el embelesamiento del poder eclesiástico–por decir lo menos— los ha llevado a rutinizar el carisma (Weber) y rechazar las manifestaciones del Espíritu. En su lugar, los menos empoderados son los que ahora, gracias a esa “nueva unción”, adquieren una jerarquía distinta, una autoridad espiritual y un status mayor.

Como en los orígenes del cristianismo, este nuevo empoderamiento se da entre los sectores marginales de la iglesia, entre aquellos que por su necesidad material y su relegación política, oraron fervorosamente y recibieron un nuevo poder.

Se trata entonces de una nueva identidad social en el orden religioso que los coloca ante la opinión pública como los especiales ungidos de Dios para crear un nuevo orden en medio del ordenado pero viejo y caduco orden eclesial.

Esperamos que esta renovación o revitalización de la iglesia, no se quede en el interior del Templo o en las comodidades de la ciudad, sino que en la mejor tradición profética de Elías, Eliseo y Juan, el bautista, esa voz que clama en el desierto convoque al arrepentimiento de las naciones exigiéndoles el establecimiento de la justicia y la paz y se preparen para el gran día de Yahvé. Y aquí me parece oportuno señalar que en este sentido, el movimiento profético es un signo escatológico para apurar a la iglesia a cumplir poderosamente su misión en la tierra.
El antiguo manto de Elías sobre Eliseo

En la comprensión teológica de los nuevos empoderados, este revival se interpreta como una transferencia de poder que procede del Espíritu Santo, pero que se canaliza a través de la imposición de manos de un nuevo presbiterio, el presbiterio apostólico[48]. La finalidad de este poder es, como hemos dicho, avivar a la iglesia para que cumpla con su misión de evangelizar a todas las naciones y para que salga de su estancamiento institucional.

Era de esperarse que emerja un nuevo poder, pues las propias iglesias pentecostales y carismáticas han perdido la dinámica que otrora los había empoderado: el carisma del espíritu evangelizador y la manifestación de ese poder con señales y portentos milagrosos extraordinarios. En otro momento me he referido a este fenómeno como “la despentecostalización de los pentecostalismos”: un advertido enfriamiento a raíz de sus naturales procesos institucionalizadores, tras más o menos 100 años de historia, pero también un descuido en el cultivo de su espiritualidad y la santidad de vida.

En la tradición bíblica, cuando Elías fue arrebatado al cielo en un carro de fuego, transponiendo la muerte, le dejó su capa o manto a su discípulo Eliseo a fin de que éste continuara su oficio de Profeta (Cf. 1 Ry. 19:19-21 y 2 Ry. 2:1-25). Al recibir el manto (interpretado como la investidura o autoridad profética) Eliseo quedó empoderado con el espíritu profético de Elías. Bajo esa unción[49] Eliseo pudo realizar portentos y señales, como abrir el Rio Jordán en dos, rememorando la acción salvífica de Moisés al cruzar el mar muerto y liberar a Israel de manos del Faraón Ramsés II (Exodo 14).

Es a esta unción que nos referimos al describir el movimiento de reafirmación apostólica y profética en las iglesias de hoy. Se trata, pues, de un nuevo empoderamiento post-pentecostal, que reclama para sí una doble unción del Espíritu como equipamiento para realizar la misión de Dios de ir por todo el mundo anunciando la llegada del Reino, sanando leprosos, resucitando a los muertos literalmente, echando fuera demonios e impartiendo la gracia de Dios como Jubileo del Espíritu[50].

3. ¿ES EL FIN DEL DENOMINACIONALISMO?

Ahora, bien, la emergencia de apóstoles y profetas no alude a una simple etiqueta o una designación honorífica que se coloca sobre los mismos ministerios anteriores. Se trata de una nueva estructuración del poder religioso, porque automáticamente alguien que es reconocido y consagrado apóstol en el marco de un culto carismático extraordinario, pasa a colocarse como en un nivel superior en la jerarquía del liderazgo existente, más allá de los marcos o límites denominacionales.

Vale decir que ahora el apóstol Juan Pérez (para poner un ejemplo concreto) pasa a ser de hecho una autoridad espiritual por encima incluso del Obispo presidente de una denominación con estructura episcopal. Y, según se entiende en este ámbito, resistirse a aceptar esta investidura es como resistir a la misma autoridad divina delegada por el Espíritu Santo. Todo depende, por supuesto, del respeto que tengan los líderes por lo sagrado y de su grado de apertura a las manifestaciones escatológicas del Espíritu, para que acepten o rechacen, conozcan y desconozcan, reciban o expulsen, la unción apostólica y profética.

Las consecuencias de este nuevo movimiento de reafirmación apostólica y profética, todavía no son percibidas por la gran mayoría de las iglesias, pero en los próximos años si bien esperamos no cause estragos en las iglesias, al menos, advertimos, podría movilizar a las iglesias en la dirección de una renovación de las estructuras haciéndolas más dinámicas.

Como quiera que sea, como teólogos estamos en el deber de estudiar este movimiento y verificar su validez, a la luz de la Biblia y la historia de la iglesia (la parádosis cristiana) y a la luz de la teología histórica y la actual experiencia del Espíritu.

Estamos, pues, ante una carismatización más radical de la iglesia o frente a la instauración de un nuevo poder religioso, que tarde o temprano deslizará a un segundo plano las elecciones democráticas del liderazgo, y a los requerimientos académicos como único requisito para su nombramiento como autoridades eclesiásticas. De ser así, habríamos llegado tal vez al fin de las denominaciones tradicionales con sus requerimientos y exigencias burocráticas.

Lo que falta ahora es una discusión sobre las fronteras territoriales de gobierno, pues de no ponernos de acuerdo en el futuro tendremos apóstoles que reclamarán autoridad sobre una jurisdicción (diócesis) más amplia, o sobre otras parroquias o jurisdicciones donde no exista un apóstol que la gobierne.

Las preguntas que quedan por resolver son las siguientes:

 ¿Cuáles son los criterios para verificar la autenticidad y vigencia de los ministerios profético y apostólico?. ¿Serán criterios teológicos (y por ello mismo lógicos o de razonamiento sistémico) o serán, por la naturaleza del tema, criterios espirituales y, en consecuencia de “discernimiento espiritual”?
 ¿Qué base bíblica habría para fundamentar la vigencia del ministerio apostólico hoy y cuál aquella que lo niegue?.
 ¿Quién o qué autoridad controlará al poder apostólico? En otras palabras, ¿a quiénes darán cuenta los apóstoles y los propios presbiterios apostólicos en cuanto a conducta y fe, si ellos están por encima de todo poder eclesiástico reconocido jurídicamente?. ¿Es la cadena de autoridad o cobertura apostólica el mecanismo suficiente para la sana administración del carisma?[51]
 ¿Cuál es el lugar de los Concilios Nacionales e Internacionales para regular el uso o ab-uso de poderes, así como para vigilar –si esto fuera posible—la satanización de lo nuevo sólo porque no se ajusta a la tradición?.
 ¿Tendrán los Concilios o Presbiterios Locales poder de control sobre los falsos apóstoles que los hay y causan división en las iglesias?
 ¿Sobre qué marco jurídico puede actuar la ley civil en caso de abusos, si éstos no respondieran a ninguna institucionalidad más allá de ellos mismos? ¿Se apelará a las autoridades terrenales bajo criterios seculares?

En la época del apóstol San Pablo hubo falsos apóstoles. Fue necesario entonces buscar criterios bíblicos y de testimonio personal para controlar posibles abusos, pero en última instancia era la iglesia reunida en asamblea orante y deliberativa la que debía cuidar el orden y la disciplina. Hacia el siglo XII, por otras causas en Avignon, Francia, un clérigo se autoerigió como Papa y excomulgó al papa ya existente, a lo que éste respondió igualmente con la excomunión. El poder final lo tuvo la iglesia, quien es después de todo la que decide reconocer o no un poder religioso por sobre otro.

Le pasa lo mismo a los pentecostales con relación al protestantismo, y a los ortodoxos con relación al protestantismo y catolicismo-romano en materia de investidura ministerial: Una descalificación mutua sin que medie un ente mayor que haga el papel de árbitro. Cuando esto sucede, todo queda librado al espíritu de la cultura, a la responsabilidad ética, y —Dios de por medio— sólo el tiempo y la distancia se encargan de mostrar entonces su hierro o veracidad.

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[37] No me parece muy feliz la utilización de la palabra “restauración” apostólica para referirse a la actual manifestación pública de apóstoles y profetas. El restauracionismo ha sido con mucha razón duramente criticado por los apologistas de la Iglesia, pues los restauracionistas pretenden obviar o saltar 20 siglos de tradición e historia del cristianismo, aduciendo que ellos son la continuación directa del movimiento apostólico originario del siglo I. Por eso, hablar de post-pentecostalismo, me resulta más apropiado pues hace justicia al desarrollo histórico del pentecostalismo, incluso sin distinguir su vivencia en la tradición católica, protestante y ortodoxa. Sólo hay que recordar la crítica al restauracionismo mormón o Iglesia de los Santos de los Últimos días, para darse cuenta que el término es infeliz.
[38] Sobre los sentidos de “apostolos” (apóstol) y “pempein” y “apostellein” (enviar) y los ministerios de la iglesia cf. Gerhard Kittel (editor), A Igreja do Novo Testamento. Sao Paulo: ASTE, 1965: 111-187.
[39] Lista de libros considerados inspirados por Dios por la iglesia cristiana hasta alrededor del siglo IV. Los protestantes reconocen 66 libros y los católico-romanos 72, pues incluyen 6 libros deutero-canónicos.
[40] El sentido fundamental de la palabra como la usamos aquí es “desvelamiento”, en griego apocalypsis=“acto de correr el velo”. Cf. René Latourelle, Teología de la Revelación. Salamanca: Sígueme. 1976; E.Schillebeeckx, Revelación y Teología. Salamanca: Sígueme, 1969: 41.
[41] Debido especialmente a al continuum de la iglesia que nace en el primer siglo y se prolonga hasta el día de hoy. Cf. Aquí la amplísima discusión teológica sobre la iglesia como depositum fidei, así como sobre La Tradición (parádosis) y las tradiciones o experiencias de fe.
[42] Cf. Cecil M. Robeck Jr, Prophecy in Carthage: Perpetua, Terlullian & Cyprian. Cleveland, Ohio: The Pilgrim Press, 1992 en la que Robeck demuestra como en Cartago, al Norte del África, y hacia el siglo III las profecías son una práctica ordinaria y ampliamente aceptada por la Iglesia.
[43] Primer concilio ecuménico, presidido por Osio, tuvo lugar entre el 20 de mayo y el 25 de julio del 325 (siendo papa san Silvestre I) y fue convocado por el emperador romano Constantino I el Grande para procurar reafirmar la unidad de la Iglesia, seriamente quebrantada por la disputa surgida en torno a la naturaleza de Jesucristo tras la aparición del arrianismo. De los 1.800 obispos censados en el Imperio romano, 318 acudieron a la convocatoria conciliar. El Credo de Nicea, que definió al Hijo como consustancial con el Padre, fue adoptado como postura oficial de la Iglesia con respecto a la divinidad de Cristo. También fue fijada la celebración de la Semana Santa el domingo después de la Pascua judía, y garantizada la autoridad del obispo de Alejandría. En esta última concesión se asienta el origen de los patriarcados.
[44] cuarto concilio ecuménico convocado en el año 451 por el emperador oriental Marciano, por orden del papa León I, para cambiar las decisiones del denominado Sínodo del Ladrón de Éfeso y tomar en consideración la polémica eutiquiana. Unos 600 obispos participaron en las 17 sesiones que se celebraron entre el 8 de octubre y el 1 de noviembre. El Concilio condenó el Eutiquianismo (defendido por el Sínodo del Ladrón), también llamado monofisismo, doctrina que afirma que Jesucristo posee una sola naturaleza divina y carece de naturaleza humana. La definición calcedoniana, basada en la fórmula del papa León en su Alegato a Flavio, obispo de Constantinopla, y las cartas sinodales de san Cirilo de Alejandría a los nestorianos, afirmaba que Cristo posee tanto naturaleza divina como humana, y que ambas coexisten inseparablemente en su seno. El Concilio también promulgó 27 cánones que gobernaban tanto la disciplina eclesiástica y jerárquica como la conducta clerical. Todos fueron admitidos por la Iglesia occidental. Sin embargo un vigésimo octavo canon, que hubiera otorgado al obispo de Constantinopla el título de Patriarca, y una categoría en Oriente semejante a la del Papa de Roma, fue rechazado.
[45] Significando con subjetividad como la negación de la objetividad en la interpretación del texto, una especie de deformación eisegética contraria a la exégesis “científica” ampliamente aceptada.
[46] René Latourelle, Teología de la Revelación. Salamanca: Sígueme. 1976
[47] Tal vez sea más exacto hablar de una manifestación (epifanía) o de una iluminación del Espíritu sobre el sentido profundo (sensus plenior) de las Sagradas Escrituras relativos a los acontecimientos escatológicos que preceden a la Parousía. Una comprensión más completa (verstehen) del mismo texto bíblico provocado por la luz de una experiencia nueva con lo sobrenatural.
[48] Según el apóstol norteamericano John Eckhardt, Presbirterios y equipos apostólicos. Chicago, Illinois: Ministerios Crusaders: 2000, p. 2: “los apóstoles y los equipos apostólicos tienen la gracia de identificar y colocar en su puesto a líderes de la asamblea local. Los apóstoles profetas están ungidos para liberar los dones individuales dentro del liderazgo” El presbiterio, que es un equipo de ancianos que componen el gobierno de la iglesia local, es el medio elegido por Dios para gobernar su iglesia en un balance de poder bajo la gracia de Dios (p. 6).
[49] La unción en el antiguo Israel consistía en el derramamiento de aceite (oleo) sobre la cabeza de la persona que habría de ser proclamado sacerdote o profeta o rey. En la liturgia cristiana esta práctica ritual pasó a convertirse en el símbolo de la ordenación ministerial. En la hermenéutica pentecostal se extiende el sentido a la unción del Espíritu Santo que reposó sobre los apóstoles en Pentecostés y que reposa hoy en los que son llamados a la misión. El aceite es símbolo del Espíritu Santo en la teología bíblica y en los rituales pentecostales se aplica literalmente sobre la cabeza de las personas tanto en las oraciones de sanidad (Stgo. 5.14) como en la ordenación ministerial.
[50] Véase el interesante estudio bíblico de Ross Kinsler, “El reto del Jubileo: vida plena para todo el pueblo de Dios” en, CEPLA, Jubileo: La Fiesta del Espíritu. Identidad y Misión del Pentecostalismo Latinoamericano. Quito: Ecuador, CLAI, 1999: 151-189.


Fenomenología de la Experiencia Pentecostal

agosto 10, 2006

Introducción.

Esta breve sección como una situación antecedente a la racionalidad pentecostal, describe globalmente la experiencia pentecostal desde donde emerge la teología pentecostal como un saber testimonial y narrativo.

A partir del lenguaje de la experiencia religiosa en general y del testimonio de la experiencia pentecostal en particular, intentaremos reconstruir un tipo ideal de la experiencia del espíritu comúnmente conocida como bautismo del espíritu o de fuego.

A partir de esa descripción definiremos la experiencia pentecostal, toda vez que se dan otras experiencias igualmente espirituales (pneumáticas) que se resistirían a ser catalogadas como experiencias “pentecostales”.

Siendo que la experiencia pentecostal está sujeta a un entorno social más o menos común en su origen y desarrollo, es necesaria una sociología de la experiencia pentecostal que explique su génesis social. Así mismo, una “psicología” de esa experiencia que sistematice, valore y analice la vivencia y forma de conocer lo divino o lo específicamente pneumático en el pentecostalismo.

De otro lado, sigue abierta la discusión sobre la posibilidad y límites de una teología pentecostal latinoamericanamente situada, así como cuestiones propias de la ciencia teológica: su grado de racionalidad, el lenguaje a usar en su formulación y en su divulgación; los caminos a seguir (métodos ) en el paso de la experiencia a la teología, la hermenéutica pentecostal o hermenéutica del espíritu, la praxis pentecostal, la etica, etc.

1. LA EXPERIENCIA PENTECOSTAL, UN ESTUDIO DE CASO

Hablamos de “experiencia” pentecostal primeramente con el modo de ser, de hacer y vivir de la comunidad pentecostales decir, la aprehensión que hacen los pentecostales de la realidad espiritual en sentido amplio. Así, la experiencia pentecostal deviene un modo de conocer la realidad del Espíritu y, en esa virtud, es anterior a todo juicio formulado sobre lo aprehendido. En palabras del filosofo Husserl, un modo de conocer pre-predicativo. Una precognición de la verdad pneumática.

La experiencia pentecostal es por definición una aprehensión sensible e inmediata del espíritu, que tiene una sociología y una psicología fundamentales que hacen posible su explicación racional en un momento dado.

Tal experiencia pneumática se denomina “pentecostal” por su referencia fundacional y referencial a la experiencia del Pentecostés y sus posteriores manifestaciones en la primera comunidad cristiana (Hechos 2-10-19: 1 Cor.) En ese sentido, la actual experiencia de Pentecostés tiene voluntad de “repetición” de aquel acontecimiento “arquetípico” De allí deduce el modelo de su identidad, el ser pentecostal.

2. SOCIOLOGIA Y SICOLOGIA DE LA EXPERIENCIA PENTECOSTAL

Desde la multiplicidad de testimonios que nos remiten a la experiencia pentecostal es posible deducir elementos comunes que permiten una aproximación hipológica a lo que pentecostales llaman ‘Bautismo del Espíritu Santo

Toda experiencia pentecostal generalmente se caracteriza por:

1) TENER UN CONTEXTO SOCIAL QUE LE FAVORECE

a. Un ambiente de búsqueda del Bautismo del Espíritu Santo. (De duración indeterminada)

b. Una comunidad del Espíritu que le sirve de marco de referencia (ya sea que la persona sea un practicante o no)

c. Un conocimiento previo (idea-previa) de cómo se manifiesta el Bautismo del Espíritu Santo (que esté derivado de la Escritura o mediado por la interpretación de una Iglesia, es otro problema)

d. Una época o contexto de previo “enfriamiento” espiritual o una tal “irreligiosidad” propicia para el evento. (Así el Espíritu es percibido como el Consolador en horas difíciles)

2) VARIADAS MANIFESTACIONES SENSIBLES

(No siempre es igual en todos. A mi juicio depende de la doctrina que la favorezca; del estado psíquico de la persona; de la libertad que se de a las manifestaciones del Espíritu, así como de las condiciones socioculturales de la comunidad.

a. SENSACIONES FISICAS, que la conciencia del practicante asocia y describe como “fuego” que quema sus miembros o todo su cuerpo; como “una especie de corriente eléctrica suave que corre “desde la cabeza hasta sus pies”; como agua fresca que corre por su interior:”como ríos de agua viva”, etc.

b. APARENTEMENTE PERDIDA DEL CONTROL BIO-MOTOR DE LA PERSONA. A veces tiemblan o son sacudidas como por una fuerza extraña superior a sus fuerzas o a la disposición dinámica de su peso físico; caídas al suelo sin hacerse daño, o danzas muy suaves que no pierden ritmo, pese a estar con los ojos cerrados.

c. SENSACION DE GOZO Y PAZ INDESCRIPTIBLES, pero al mismo tiempo de culpabilidad y empequeñecimiento frente a lo santo que allí se hace patente. Esta emoción les hace llorar y aun confesar pecados, no importando si hay un publico espectando.

d. PLENA CONCIENCIA de todo cuanto está ocurriendo sin la sensación de temor o miedo. Por lo tanto, una valoración inmediata del suceso.

e. EN ALGUNOS CASOS, UNA ESPECIE DE CANTO GEMIDO que produce, en los demás participantes, un deseo de alabar a Dios. Una especie de transmisión o transferencia de vivencias de lo sagrado.

f. HABLAR EN LENGUAS EXTRAÑAS, es decir con términos o fonemas psicolinguisticos ininteligibles muchas veces al que ora y a los presentes; tal vez una maximización de las facultades psicolinguisticas dormidas que todos tenemos. En algunos casos son “lenguas extrañas “(y/o “angélicas” según el decir de la Biblia: 1 Cor 13.1) y en otros casos, “lenguas o idiomas conocidos. Se han dado casos en que algunos extranjeros presentes oyeron orar a creyentes en sus idiomas, sin que estos lo hayan aprendido previamente. En ambos casos, son una voluntad de comunicación: la primera con Dios mismo y la segunda con los asistentes a la reunión en pleno uso de sus facultades.

g. ALGUNAS VECES viene acompañada de UNA “VISIÓN” ESPIRITUAL que puede ser una penetración cognitiva en la realidad circundante que permite al vidente conocer los estados psíquicos de los presentes, percibir vivencias pasadas de las personas o vaticinar eventos próximos (aspecto conocido como profecías).

3) UNA PROLONGACION DEL EVENTO POR EL TESTIMONIO Y LA PREDICACION.

a. Profecía.

Esta viene dada por medio de las lenguas (cuando son lenguas conocidas, Hechos 2.6) o inmediatamente después de las lenguas (cuando el orante hizo su oracion en lenguas extrañas que requieren de una interpretación posterior, 1 Cor 14.1-16ss, o directamente en el idioma nativo (1 Cor 14.22).

b. Predicación y testimonio de vida como una extensión social del acto o experiencia.

Es como un de-volver a la comunidad la experiencia puesta ahora en lenguaje inteligible. Una articulación y comunicación más racional del mensaje evangelístico como consecuencia o extensión de la experiencia pentecostal allí vivida (Hechos 4.31)

La experiencia está ligada generalmente a la comunidad social más amplia que requiere por así decirlo una explicación del acontecimiento, ya que esta experiencia causa asombro e invita a preguntar “¿qué quiere decir esto? (Véase Hechos 2.12) o bien es motivo de burla para otros que no pueden creer. Algunos llegan a pensar que los que hablan en lenguas lo hacen porque “están ebrios” (Hechos 2.13) atribuyendo a esa experiencia a causas anormales o para-normales del mundo conocido.

c. CAPACIDAD DE EXPRESION Y LOCUSION. Es decir, una confianza y seguridad tales que le permiten a la persona hablar con denuedo del evangelio y de su experiencia, pero ahora con un nuevo entusiasmo.

d. RENOVACION DE LA COMUNIDAD A APARTIR DE LA EXPERIENCIA. Se produce una necesaria reorganización de la comunidad social y de los ritos que procurarán extender el acto originario.

3. DE LA EXPERIENCIA A LA TEOLOGIA PENTECOSTAL

Hay distintos niveles de explicación de la experiencia dentro de la propia comunidad ‘pentecostal’. Al principio esta explicación toma la forma de un testimonio y luego, cuando se ritualiza o se hace costumbre, la costumbre se hace ley y la ley al ser aceptada se hace doctrina

El testimonio es una primera explicación de la experiencia. Ya que por naturaleza la experiencia es subjetiva, el testimonio es la manera privilegiada de exteriorización y el único acceso objetivo a tal experiencia.

Muy pronto el testimonio de la experiencia comunitaria se hace doctrina y catequesis, constituyendo así el “Logos primario” de esa fe.

Aunque embrionariamente esta explicación es ya una teología, necesita todavía una sistematización posterior en relación con la vida de la comunidad religiosa.

La Teología de la experiencia pentecostal, que puede muy bien llamarse a secas Teología Pentecostal, hará de la experiencia, testimonio y doctrina pentecostal, su centro vital, su eje y núcleo fundacional al rededor de la cual construirá su ética y moral social. Aparece así una teología de testimonio que articula la nueva vida y la nueva visión de la comunidad pentecostal. Esto no significa que dejara de lado la centralidad de la cruz de Cristo, el amor, la justicia, la paz, la salvación, la esperanza o cualquier otra centralidad del evangelio. Lo que ocurre es que ahora la comunidad religiosa ha descubierto un nuevo punto de partida (locus y terminus theologicus) al rededor de la cual construye o reconstruye el mundo.

Se trata de una teología que da organicidad y racionalidad a la experiencia del Espíritu. Así, la pentecostalidad adquiere su propia racionalidad (palabra primera) que deberá ser fundada en las Sagradas Escrituras, palabra segunda dando sentido a las practicas y experiencias religiosas determinadas por la vivencia de lo pentecostal..


¿Se vuelve Pentecostal América Latina?

agosto 9, 2006

Quentin J. Schulze, en un artículo titulado “oralidad y poder en el Pentecostalismo Latinoamericano”, publicado hacia 1994, por la University Press of América, ha sugerido que el título del famoso libro de David Stoll: “Is Latin American Turning Protestant? (“¿Se está volviendo protestante América Latina?” podría haber sido “¿Se está volviendo Pentecostal América Latina?”.

Las cifras del incremento vertiginoso del pentecostalismo parecen respaldar tal opinión. Aunque no hay estadística posible para verificar el crecimiento de un movimiento a escala mundial, existen aproximaciones muy sugerentes.

El 42 % de la feligresía católica romana mundial vive en América Latina y ha sido considerada la “más católica del mundo” (Benjamín Gutiérrez, 1995). Sin embargo, según observa Franz Damen, investigador belga residente en Bolivia y secretario de ecumenismo de la iglesia católica, “cada hora un promedio de cuatrocientos católicos se hacen miembros de sectas pentecostales”

Según el Instituto de Estudios de la Religión (ISER) tan solo entre 1990 y 1992 en el área metropolitana de Río de Janeiro, Brasil, se formaron 710 nuevas iglesias. La hoy difundida Iglesia Universal del Reino de Dios del Brasil cuenta aproximadamente con unos 2 millones de adherentes y la misma cantidad de simpatizantes. Semanalmente se reúnen en mas de 2500 templos y pueden fácilmente llenar el estadio de Maracaná en cultos especiales. Esta misma iglesia ha comprado una red de televisión por 45 millones de dólares, tenía en 1995, 22 estaciones de radio y publicaba un periódico semanal con un tiraje de 800,000 ejemplares. Su influencia ha rebasado lo religioso para incursionar en lo político. Gracias al portentoso número de su membresía y simpatizantes cautivos ha logrado colocar senadores y diputados en el parlamento brasileño. En la actualidad se ha extendido por todo el mundo y cuenta con representaciones en varios países de Europa, África, Asia y Norte, Centro y Sud América.

El crecimiento del pentecostalismo es tan grande que preferiríamos hablar de una pentecostalización de la cristiandad. Las propias categoría de “secta” , “iglesia” y “misticismo” acuñadas por Max Weber y Ernst Trolscht, conocidos científicos sociales, de los que se valen la mayoría de investigadores de la religión, no sirven más para caracterizar el movimiento Pentecostal. El Dr. Donald W. Dayton, historiador del movimiento de santidad en los Estados Unidos ha sugerido que dada la magnitud del crecimiento pentecostal “los evangélicos deberían ser considerados como un subgrupo del pentecostalismo, y no al revés”

En el estudio citado, David Stoll mencionaba que para 1980 los cristianos no católicos habían aumentado a un 10 % o más de la población latinoamericana, sobrepasando para entonces los 40 millones de personas. Siguiendo los estudios estadísticos de Johnstone (Internacional Research Office) y David Barret (World Christian enciclopedia) sobre la base de las proyecciones de 1960-1985, Stoll calculaba que para el 2010 el porcentaje mayor del crecimiento protestante (Pentecostal) alcanzaría hasta el 126.8 % en Guatemala, 66.5 % en El Salvador, 50.8 % en Honduras, y 75.1 % en Puerto Rico, el 57.4 % para el Brasil que en términos relativos es casi 4 veces mayor que su propio crecimiento en 1960. Las proyecciones para los países andinos y el Cono Sur oscilan entre el 10 y 15 % del total de su población. De estas cifras, la mayoria de investigadores coincide en que el 80 % de la población evangélica en crecimiento es Pentecostal, configurando así un nuevo rostro de la iglesia latinoamericana.

El fenómeno al que aludimos, no se reduce a las conversiones de católicos al pentecostalismo. El hecho es ante todo cualitativo y no cuantitativo, porque sin llegar a ser protestantes pentecostales, el propio catolicismo romano y el mismo protestantismo reformado, está experimentando una transformación interior por la renovación espiritual.

Pero a mi juicio, no se trata solo de constatar que la tendencia significativa es a la “pentecostalización” del catolicismo latinoamericano, por lo puede afirmarse legítimamente que América Latina se vuelve pentecostal en términos genéricos. Nuestros análisis deben ir más allá, hacia la pregunta por el significado social, cultural, económico y político de la posible pentecostalización del cristianismo latinoamericano.

¿Se trata de un retorno a lo mágico, un escape de la cruda realidad socio-económica por la que atraviesa el Continente, un reencantamiento del mundo secularizado, una afirmación del misticismo o la religiosidad popular? Muchas pueden ser las respuestas, pero me gustaría sugerir en términos del sociólogo de la religión chileno, Cristian Parker, que se trata de “otra lógica” frente a la modernización capitalista de América Latina que tiene un profundo mensaje de esperanza no solo para los sectores urbano-marginales, las mayorías excluidas del sistema, sino también para el cristianismo en su conjunto que, al mismo tiempo que se reaviva, expresa el malestar de la civilización.


Disyuntiva entre modelos y principios

agosto 9, 2006

¿Megaiglesias o iglesias minoritarias?

Hace ya algunos años, teóricos del crecimiento de la iglesia, advirtieron que las iglesias minoritarias, o mejor, las «unidades mínimas» de la iglesia, son las que muestran mejores condiciones para el crecimiento o el desarrollo natural e integral. Contrariamente a lo que se piensa, las «megaiglesias» son las que en proporción crecen menos que las «iglesias pequeñas».

El estudio del teólogo alemán Christian Schwarz, Desarrollo Natural de la Iglesia, publicado 8 años atrás por la editorial CLIE de España (traducido a más de 35 idiomas), mostró precisamente la paradoja del «iglecre- cimiento»: Cuanto más grande es la iglesia, la relación absoluta de su crecimiento es menor que las iglesias pequeñas. La validez científica de la afirmación de Schwarz se basa en su investigación aplicada a los cinco continentes, sobre 1000 iglesias de 32 países del mundo, con la intervención de científicos sociales.

Hasta antes del estudio de Schwarz, se creía que el crecimiento de la iglesia dependería entre otras razones de un desarrollo celular, es decir, de la adopción de una metodología de crecimiento por células como unidades mínimas de entre 7, 10, o 12 personas, o de copiar «modelos» de las iglesias de éxito, o que el crecimiento espontáneo de la iglesia sería el producto de un avivamiento espiritual.

Se suponía que las «iglesias celulares» se reproducirían exponencialmente: Así por ejemplo, si una iglesia tenía unas 3 «células de crecimiento» que en promedio estaría compuesta por una 10 personas cada una, y éstas en un lapso de 3 meses se multiplicasen al doble de su tamaño, en un año aquella iglesia crecería numéricamente hasta un promedio de entre 200 y 240 nuevos creyentes. Pero el estudio de Schwarz encontró que esto es un mito del «iglecrecimiento» y no es verdad. “La verdadera sorpresa se produjo –señala Schwarz– cuando, de los porcentajes (de 297 iglesias que crecen y 636 iglesias que decrecen), obtuvimos las cifras absolutas…Las iglesias agrupadas en la categoría más pequeñas (1-100 asistentes) habían ganado en los últimos cinco años, por término medio, 32 personas (+63%); las iglesias entre 100 y 200 asistentes, también 32 personas (+23%); las iglesias entre 200 y 300 alcanzaron 39 personas (+17%); y las iglesias entre 300 y 400, sólo 25 personas” (+7%)

En la explicación de Schwarz esto quiere decir que una «iglesia pequeña» aumenta el mismo número de personas que una “grande”, o, dicho de otra forma, dos iglesias de alrededor de 200 creyentes cada una, llevan más del doble de personas al Evangelio que una con 400 creyentes en comunión.

Para que el crecimiento de una iglesia sea saludable, y por ello mismo no se quede sólo en lo cualitativo o únicamente en lo cuantitativo, es necesario que el crecimiento de la iglesia mantenga un equilibrio entre al menos 8 factores básicos: 1) Liderazgo que capacita, 2) Desarrollo del Ministerio según dones, 3) Espiritualidad ferviente, 4) Estructuras funcionales, 5) Cultos inspiradores, 6) Células integrales, 7) Evangelismo según necesidades, y 8) Relaciones afectivas. Si uno de estos factores falla, tendríamos una debilidad o «factor mínimo» que impediría el crecimiento integral de la iglesia. Lo saludable es que haya un equilibrio perfecto en el conjunto de esos factores, es decir, una media de 65 % en una escala de 1 al 100.
En la actualidad tenemos en nuestro continente, «iglesias minoritarias» (expresión que se la debemos al sociólogo suizo Roger Mehl) cuyo crecimiento numérico o se ha estancado o, lo que podría ser más grave, ha aumentado su ritmo de decrecimiento.

La alternativa para estas «iglesias minoritarias» no es copiar los así llamados «modelos» o «iglesias de éxito», nombre que por lo general se le asigna a iglesias como la del Rev. Paúl Yonggi Cho de Seúl, Korea, congregación que bordea el millón de miembros; o a la del Pastor César Castellanos de Colombia con una congregación de más 100,000 miembros, sin contar sus filiales en otros países. La alternativa se encuentra en estudiar el crecimiento de esas iglesias y extraer de él los «principios» universalmente válidos para luego contextualizarlos en el lugar de origen, de acuerdo con un principio bíblico general que Schwarz llama «principio biótico»: «dejar que cada semilla de su propio fruto de acuerdo a su naturaleza y al suelo en que fue sembrada».

No se trata de aplicar a como dé lugar un «modelo exitoso», lo cual sería adoptar un modelo, ni de mejorarlo con elementos nuevos, lo cual sería adaptar el modelo. De lo que se trata es de crear el suyo propio a partir de principios extraídos de un estudio concienzudo de iglesias con un crecimiento normal, saludable y de acuerdo con principios éticamente bíblicos.

El paso siguiente es que la «iglesia minoritaria», incluso también una «megaiglesia» que ya ha tocado techo, verifique en cuál de los 8 factores antes mencionados se encuentra el «factor mínimo» o su punto débil para corregirlo.

Jonatán Haley, otro estudioso que participó en la investigación de Schwarz, afirma que el principal problema reside en que hasta la fecha no se ha diferenciado con claridad entre «modelos» (criterios por medio de los cuales alguna iglesia, en algún lugar del mundo, ha conseguido resultados positivos) y «principios» (criterios válidos para cualquier iglesia en cualquier parte del mundo). En consecuencia, hay muchos «modelos» que afirman ser válidos universalmente y no lo son; y muchos «principios», cuya validez universal es demostrable, que son considerados meros modelos.

El enfoque según modelos es el intento de aplicar a nuestra propia situación el programa de una iglesia que ha tenido éxito (en la mayoría de los casos una megaiglesia). Este planteamiento resulta fascinante, por decir lo menos, porque lo que tanto se anhela para la propia iglesia ya está en funcionamiento en la iglesia modelo.

El enfoque según principios es diferente. Aunque también parte de lo mucho que se puede aprender de los modelos que han tenido éxito en la práctica, sin embargo, en lugar de limitarse a un modelo, examina cientos de «iglesias modelo», tanto grandes como pequeñas, para descubrir aquellos elementos que puedan considerarse de validez universal para cualquier iglesia y aquellos otros que, aun siendo interesantes, no pueden aplicarse de modo general a todas las iglesias. En otras palabras, los principios obtenidos mediante la abstracción, esto es, despojando a los modelos de sus características culturales y locales, se individualizan para la situación específica de una iglesia en concreto.

De ser válidas las conclusiones de Schwarz y Haley, tendríamos que concluir que las «iglesias minoritarias» tienen aquí la mejor oportunidad para su crecimiento, a despecho de las «megaiglesias». La condición es que observando y aplicando principios, reduzcan a cero su factor mínimo y que busquen un equilibrio entre los ocho factores de un crecimiento natural.


Las Grandes Familias Intraconfesionales del Protestantismo

agosto 9, 2006

Por Bernardo Campos

Una descripción general e imprescindible del protestantismo mundial que servirá de base para entender los orígenes y tendencias de las diversas tradiciones confesionales.

+LAS IGLESIAS LUTERANAS
+LAS IGLESIAS REFORMADAS
+LA COMUNION ANGLICANA

Podríamos distinguir grosso modo tres grandes familias desde donde se extiende una variedad de denominaciones evangélicas, a partir de la Reforma Protestante del siglo XVI: los luteranos, los reformados y los anglicanos. A partir de estas tres vertientes centrales, se deriva un sinnúmero de denominaciones evangélicas y también una cantidad importante de agrupaciones de inspiración cristiana, pero que se han alejado ostensiblemente de la centralidad de los dogmas aceptados por el cristianismo y que los propios evangélicos califican de sectas cuasi cristianas. Veamos en orden estas tres vertientes centrales.

LA IGLESIA LUTERANA

La Denominación:

La Iglesia luterana se define a sí misma como “la asamblea de creyentes entre los que se predica el Evangelio y se administran los santos sacramentos según el Evangelio” (Confesión de Augsburgo, VII). La Biblia es considerada el núcleo fundamental del culto luterano y los sacramentos quedaron reducidos al bautismo y a la eucaristía ya que según el luteranismo estos dos fueron los únicos instituidos por Cristo. El culto se celebraba en las distintas lenguas autóctonas (conocidas por el pueblo, que no hablaba, en cambio, el latín, lengua oficial de la liturgia católica) y se destacaba la predicación en el oficio divino. El luteranismo no cambió de forma radical la estructura de la misa de la edad media, pero la utilización de las lenguas vernáculas realzó la importancia de los sermones, que se basaban en la exposición de las Escrituras. Estimuló la participación comunitaria en el culto, en especial a través del canto de la liturgia y de los himnos. El propio Lutero escribió muchos de estos últimos, que alcanzaron gran popularidad.

Familias derivadas de esta tradición:

Del luteranismo se derivan una variedad de denominaciones protestantes hoy reconocidos como: Menonitas (1150), Moravos (1727), los Hermanos de Brethren (1707), Swedenborgianos (1787), Luterana nacional de Alemania, Iglesias libres alemanas, Iglesias nacionales escandinavas, más una variedad de iglesias luteranas norteamericanas y luteranas de Misión en otros países. Además la Iglesia Evangélica Reformada (1934) y la Iglesia Unida de Cristo (1956). En el Perú, los luteranos se distinguen entre Iglesia Luterana Americana, Iglesia Luterana de habla Alemana y la Iglesia Evangélica Luterana del Perú (ILEP).

LAS IGLESIAS REFORMADAS

Denominación:

Grupo de iglesias protestantes que se guía más por las doctrinas y políticas de los reformadores protestantes Ulrico Zuinglio y Juan Calvino que por las de la tradición luterana. La influencia de Calvino fue incluso más fuerte que la de Zuinglio. A través de toda Europa, las iglesias reformadas fueron conocidas con el nombre de iglesias calvinistas; en algunos países, el nombre de Iglesia protestante pasó a ser sinónimo de luterana. Una distinción muy importante dentro de las iglesias reformadas se refiere a su doctrina con respecto a la eucaristía, caracterizada por el rechazo tanto de la transubstanciación católica romana (idea de que el cuerpo y la sangre de Cristo se hacen realmente patentes en la eucaristía) como de la consubstanciación luterana (idea que en la eucaristía está simbólicamente presente el cuerpo y la sangre de Cristo). Tienen una visión conmemorativa del sacramento y rechazan algunas de las ceremonias que practican los luteranos.

La Alianza de Iglesias Reformadas a Través del Mundo sostiene que el Orden Presbiteriano es una organización que fue fundada en Londres en 1875 para incentivar la armonía en las relaciones humanas, la cooperación y la eficiencia de la misión cristiana.

Familias derivadas de esta tradición:

Iglesias Valdenses (1532), Zwinglianas (1532), 20 Iglesias Presbiterianas (1568), Congregacionalistas (1630), Iglesias Reformadas de Estados Unidos; Iglesias Reformadas de Suiza, Francia, Holanda, Escocia, Alemania, Ungría, etc., con subdivisiones en estos países. Se derivan posteriormente de un lado: Los Discípulos (1838) y Neo Apostólicos (1854), más otras 4 Church of Christ (1905) y, de otro lado, con posturas más radicales, los Unitarios (1825), Mormones (1830), Universalistas (1770) y Ciencia Cristiana o iglesia de la cientología (1879), éstas 4 últimas consideradas por los evangélicos como filo-cristianas (de inspiración cristiana) o, más drásticamente, como pseudos-cristianas.

LA COMUNION ANGLICANA

Denominación:

Iglesia anglicana o Iglesia de Inglaterra, son los nombres que recibe la Iglesia nacional surgida en Inglaterra tras la Reforma protestante. Por la segunda de las acepciones también se reconoce a la antigua Iglesia cristiana inglesa, cuyos orígenes se remontan a la propia llegada del cristianismo a este país.

Las acciones del Parlamento entre 1529 y 1536 marcaron el inicio de la Iglesia anglicana como iglesia nacional, independiente de la jurisdicción papal. El gran contratiempo que le provocó al rey Enrique VIII la negativa que recibió de parte del papa Clemente VII con respecto a la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, indujo al Parlamento inglés a crear una serie de estatutos que rechazaban todo poder y jurisdicción papal sobre la Iglesia de Inglaterra. El rey reafirmó el antiguo derecho de los príncipes cristianos a ejercer la supremacía sobre los asuntos de la Iglesia que estaba dentro de sus dominios. Después de la muerte del rey Enrique VIII, en Inglaterra se hizo sentir con más fuerza la influencia de la Reforma, y en 1549 se publicó el primer libro de oraciones anglicanas, estableciendo la obligatoriedad de que fuera usado por los clérigos ingleses; el hecho quedó refrendado por el Acta de la Uniformidad.

Familias derivadas de esta tradición:

Aquí hay que distinguir dos grandes grupos: el de la iglesia anglicana establecida (1542) y los movimientos disidentes que se desprendieron de ella.

La Iglesia anglicana establecida distingue entre la iglesia anglicana baja, anglicana alta y la “broad Church” o iglesia amplia. Al menos 28 vertientes metodistas (desde 1750), 4 vertientes episcopalianas (1787), la Iglesia Cristiana (Christian Church, 1794), Los Plymouthistas (1828), El Ejército de Salvación (1878) y los Pentecostalismos (fines del siglo XVI y parte del XIX, se deriva de ella. De estas últimas las más conocidas son Las Asambleas de Dios (USA 1904) y el “Movimiento de Santidad” diferenciada entre Peregrinos, Nazarenos, Alianza Cristian y Misionera.

Proceden o se relacionan con las Asambleas de Dios: un espectro amplio y complejo de Iglesias Pentecostales Nacionales, Iglesias de Dios, Iglesia Cuadrangular, Movimiento de las Lluvias tardías, Pentecostalismos de Europa y Pentecostalismos de Norteamérica, Pentecostalismos latinoamericanos y caribeños (Chile, Brazil, Perú, Argentina, y de otros países de Centroamérica y Caribe). Cada uno con variantes organizacionales, pero con un contenido doctrinal y carismático más o menos común.

Proceden a se derivan de las Iglesias de Santidad: Iglesia de Santidad de California, Iglesias de los Peregrinos, Iglesia de Dios en Cristo, Iglesia del Nazareno, Alianza Cristiana y Misionera, y Congregaciones Cristianas.

La otra vertiente del anglicanismo la integran los No-conformitas (Dissenters): Unas 20 vertientes Bautistas (desde 1608), los Quakers (Cuáqueros o tembladores, 1659) y los Adventistas (1845) y Testigos de Jehová (1880) considerados por los protestantes evangélicos como sectas pseudo-cristianas. De las dos, al menos los adventistas reformados tienen relativa aceptación entre los evangélicos, aunque difícilmente los dejarían ser miembros del Concilio Nacional Evangélico, de darse el caso que pidiesen afiliación.