¿Se vuelve Pentecostal América Latina?

Quentin J. Schulze, en un artículo titulado “oralidad y poder en el Pentecostalismo Latinoamericano”, publicado hacia 1994, por la University Press of América, ha sugerido que el título del famoso libro de David Stoll: “Is Latin American Turning Protestant? (“¿Se está volviendo protestante América Latina?” podría haber sido “¿Se está volviendo Pentecostal América Latina?”.

Las cifras del incremento vertiginoso del pentecostalismo parecen respaldar tal opinión. Aunque no hay estadística posible para verificar el crecimiento de un movimiento a escala mundial, existen aproximaciones muy sugerentes.

El 42 % de la feligresía católica romana mundial vive en América Latina y ha sido considerada la “más católica del mundo” (Benjamín Gutiérrez, 1995). Sin embargo, según observa Franz Damen, investigador belga residente en Bolivia y secretario de ecumenismo de la iglesia católica, “cada hora un promedio de cuatrocientos católicos se hacen miembros de sectas pentecostales”

Según el Instituto de Estudios de la Religión (ISER) tan solo entre 1990 y 1992 en el área metropolitana de Río de Janeiro, Brasil, se formaron 710 nuevas iglesias. La hoy difundida Iglesia Universal del Reino de Dios del Brasil cuenta aproximadamente con unos 2 millones de adherentes y la misma cantidad de simpatizantes. Semanalmente se reúnen en mas de 2500 templos y pueden fácilmente llenar el estadio de Maracaná en cultos especiales. Esta misma iglesia ha comprado una red de televisión por 45 millones de dólares, tenía en 1995, 22 estaciones de radio y publicaba un periódico semanal con un tiraje de 800,000 ejemplares. Su influencia ha rebasado lo religioso para incursionar en lo político. Gracias al portentoso número de su membresía y simpatizantes cautivos ha logrado colocar senadores y diputados en el parlamento brasileño. En la actualidad se ha extendido por todo el mundo y cuenta con representaciones en varios países de Europa, África, Asia y Norte, Centro y Sud América.

El crecimiento del pentecostalismo es tan grande que preferiríamos hablar de una pentecostalización de la cristiandad. Las propias categoría de “secta” , “iglesia” y “misticismo” acuñadas por Max Weber y Ernst Trolscht, conocidos científicos sociales, de los que se valen la mayoría de investigadores de la religión, no sirven más para caracterizar el movimiento Pentecostal. El Dr. Donald W. Dayton, historiador del movimiento de santidad en los Estados Unidos ha sugerido que dada la magnitud del crecimiento pentecostal “los evangélicos deberían ser considerados como un subgrupo del pentecostalismo, y no al revés”

En el estudio citado, David Stoll mencionaba que para 1980 los cristianos no católicos habían aumentado a un 10 % o más de la población latinoamericana, sobrepasando para entonces los 40 millones de personas. Siguiendo los estudios estadísticos de Johnstone (Internacional Research Office) y David Barret (World Christian enciclopedia) sobre la base de las proyecciones de 1960-1985, Stoll calculaba que para el 2010 el porcentaje mayor del crecimiento protestante (Pentecostal) alcanzaría hasta el 126.8 % en Guatemala, 66.5 % en El Salvador, 50.8 % en Honduras, y 75.1 % en Puerto Rico, el 57.4 % para el Brasil que en términos relativos es casi 4 veces mayor que su propio crecimiento en 1960. Las proyecciones para los países andinos y el Cono Sur oscilan entre el 10 y 15 % del total de su población. De estas cifras, la mayoria de investigadores coincide en que el 80 % de la población evangélica en crecimiento es Pentecostal, configurando así un nuevo rostro de la iglesia latinoamericana.

El fenómeno al que aludimos, no se reduce a las conversiones de católicos al pentecostalismo. El hecho es ante todo cualitativo y no cuantitativo, porque sin llegar a ser protestantes pentecostales, el propio catolicismo romano y el mismo protestantismo reformado, está experimentando una transformación interior por la renovación espiritual.

Pero a mi juicio, no se trata solo de constatar que la tendencia significativa es a la “pentecostalización” del catolicismo latinoamericano, por lo puede afirmarse legítimamente que América Latina se vuelve pentecostal en términos genéricos. Nuestros análisis deben ir más allá, hacia la pregunta por el significado social, cultural, económico y político de la posible pentecostalización del cristianismo latinoamericano.

¿Se trata de un retorno a lo mágico, un escape de la cruda realidad socio-económica por la que atraviesa el Continente, un reencantamiento del mundo secularizado, una afirmación del misticismo o la religiosidad popular? Muchas pueden ser las respuestas, pero me gustaría sugerir en términos del sociólogo de la religión chileno, Cristian Parker, que se trata de “otra lógica” frente a la modernización capitalista de América Latina que tiene un profundo mensaje de esperanza no solo para los sectores urbano-marginales, las mayorías excluidas del sistema, sino también para el cristianismo en su conjunto que, al mismo tiempo que se reaviva, expresa el malestar de la civilización.

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