Disyuntiva entre modelos y principios

¿Megaiglesias o iglesias minoritarias?

Hace ya algunos años, teóricos del crecimiento de la iglesia, advirtieron que las iglesias minoritarias, o mejor, las «unidades mínimas» de la iglesia, son las que muestran mejores condiciones para el crecimiento o el desarrollo natural e integral. Contrariamente a lo que se piensa, las «megaiglesias» son las que en proporción crecen menos que las «iglesias pequeñas».

El estudio del teólogo alemán Christian Schwarz, Desarrollo Natural de la Iglesia, publicado 8 años atrás por la editorial CLIE de España (traducido a más de 35 idiomas), mostró precisamente la paradoja del «iglecre- cimiento»: Cuanto más grande es la iglesia, la relación absoluta de su crecimiento es menor que las iglesias pequeñas. La validez científica de la afirmación de Schwarz se basa en su investigación aplicada a los cinco continentes, sobre 1000 iglesias de 32 países del mundo, con la intervención de científicos sociales.

Hasta antes del estudio de Schwarz, se creía que el crecimiento de la iglesia dependería entre otras razones de un desarrollo celular, es decir, de la adopción de una metodología de crecimiento por células como unidades mínimas de entre 7, 10, o 12 personas, o de copiar «modelos» de las iglesias de éxito, o que el crecimiento espontáneo de la iglesia sería el producto de un avivamiento espiritual.

Se suponía que las «iglesias celulares» se reproducirían exponencialmente: Así por ejemplo, si una iglesia tenía unas 3 «células de crecimiento» que en promedio estaría compuesta por una 10 personas cada una, y éstas en un lapso de 3 meses se multiplicasen al doble de su tamaño, en un año aquella iglesia crecería numéricamente hasta un promedio de entre 200 y 240 nuevos creyentes. Pero el estudio de Schwarz encontró que esto es un mito del «iglecrecimiento» y no es verdad. “La verdadera sorpresa se produjo –señala Schwarz– cuando, de los porcentajes (de 297 iglesias que crecen y 636 iglesias que decrecen), obtuvimos las cifras absolutas…Las iglesias agrupadas en la categoría más pequeñas (1-100 asistentes) habían ganado en los últimos cinco años, por término medio, 32 personas (+63%); las iglesias entre 100 y 200 asistentes, también 32 personas (+23%); las iglesias entre 200 y 300 alcanzaron 39 personas (+17%); y las iglesias entre 300 y 400, sólo 25 personas” (+7%)

En la explicación de Schwarz esto quiere decir que una «iglesia pequeña» aumenta el mismo número de personas que una “grande”, o, dicho de otra forma, dos iglesias de alrededor de 200 creyentes cada una, llevan más del doble de personas al Evangelio que una con 400 creyentes en comunión.

Para que el crecimiento de una iglesia sea saludable, y por ello mismo no se quede sólo en lo cualitativo o únicamente en lo cuantitativo, es necesario que el crecimiento de la iglesia mantenga un equilibrio entre al menos 8 factores básicos: 1) Liderazgo que capacita, 2) Desarrollo del Ministerio según dones, 3) Espiritualidad ferviente, 4) Estructuras funcionales, 5) Cultos inspiradores, 6) Células integrales, 7) Evangelismo según necesidades, y 8) Relaciones afectivas. Si uno de estos factores falla, tendríamos una debilidad o «factor mínimo» que impediría el crecimiento integral de la iglesia. Lo saludable es que haya un equilibrio perfecto en el conjunto de esos factores, es decir, una media de 65 % en una escala de 1 al 100.
En la actualidad tenemos en nuestro continente, «iglesias minoritarias» (expresión que se la debemos al sociólogo suizo Roger Mehl) cuyo crecimiento numérico o se ha estancado o, lo que podría ser más grave, ha aumentado su ritmo de decrecimiento.

La alternativa para estas «iglesias minoritarias» no es copiar los así llamados «modelos» o «iglesias de éxito», nombre que por lo general se le asigna a iglesias como la del Rev. Paúl Yonggi Cho de Seúl, Korea, congregación que bordea el millón de miembros; o a la del Pastor César Castellanos de Colombia con una congregación de más 100,000 miembros, sin contar sus filiales en otros países. La alternativa se encuentra en estudiar el crecimiento de esas iglesias y extraer de él los «principios» universalmente válidos para luego contextualizarlos en el lugar de origen, de acuerdo con un principio bíblico general que Schwarz llama «principio biótico»: «dejar que cada semilla de su propio fruto de acuerdo a su naturaleza y al suelo en que fue sembrada».

No se trata de aplicar a como dé lugar un «modelo exitoso», lo cual sería adoptar un modelo, ni de mejorarlo con elementos nuevos, lo cual sería adaptar el modelo. De lo que se trata es de crear el suyo propio a partir de principios extraídos de un estudio concienzudo de iglesias con un crecimiento normal, saludable y de acuerdo con principios éticamente bíblicos.

El paso siguiente es que la «iglesia minoritaria», incluso también una «megaiglesia» que ya ha tocado techo, verifique en cuál de los 8 factores antes mencionados se encuentra el «factor mínimo» o su punto débil para corregirlo.

Jonatán Haley, otro estudioso que participó en la investigación de Schwarz, afirma que el principal problema reside en que hasta la fecha no se ha diferenciado con claridad entre «modelos» (criterios por medio de los cuales alguna iglesia, en algún lugar del mundo, ha conseguido resultados positivos) y «principios» (criterios válidos para cualquier iglesia en cualquier parte del mundo). En consecuencia, hay muchos «modelos» que afirman ser válidos universalmente y no lo son; y muchos «principios», cuya validez universal es demostrable, que son considerados meros modelos.

El enfoque según modelos es el intento de aplicar a nuestra propia situación el programa de una iglesia que ha tenido éxito (en la mayoría de los casos una megaiglesia). Este planteamiento resulta fascinante, por decir lo menos, porque lo que tanto se anhela para la propia iglesia ya está en funcionamiento en la iglesia modelo.

El enfoque según principios es diferente. Aunque también parte de lo mucho que se puede aprender de los modelos que han tenido éxito en la práctica, sin embargo, en lugar de limitarse a un modelo, examina cientos de «iglesias modelo», tanto grandes como pequeñas, para descubrir aquellos elementos que puedan considerarse de validez universal para cualquier iglesia y aquellos otros que, aun siendo interesantes, no pueden aplicarse de modo general a todas las iglesias. En otras palabras, los principios obtenidos mediante la abstracción, esto es, despojando a los modelos de sus características culturales y locales, se individualizan para la situación específica de una iglesia en concreto.

De ser válidas las conclusiones de Schwarz y Haley, tendríamos que concluir que las «iglesias minoritarias» tienen aquí la mejor oportunidad para su crecimiento, a despecho de las «megaiglesias». La condición es que observando y aplicando principios, reduzcan a cero su factor mínimo y que busquen un equilibrio entre los ocho factores de un crecimiento natural.

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